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Aztecas o Mexicas, pueblo que dominó el centro y sur de México, en Mesoamérica, desde el siglo XIV hasta el siglo XVI y que es famoso por haber establecido un vasto imperio altamente organizado, destruido por los conquistadores españoles y sus aliados mexicanos. Algunas versiones señalan que el nombre de "azteca" proviene de un lugar mítico situado posiblemente al norte de la actual República mexicana, llamado Aztlán; más tarde se autodenominaron mexicas. Orígenes Tras la caída de la civilización tolteca que había florecido principalmente en Tula entre los siglos X y XI, oleadas de inmigraciones inundaron la meseta central de México, alrededor del lago Texcoco. Debido a su tardía aparición en el lugar, los aztecas-mexicas se vieron obligados a ocupar la zona pantanosa situada al oeste del lago. Estaban rodeados por enemigos poderosos que les exigían tributos, y la única tierra seca que ocupaban eran los islotes del lago de Texcoco, rodeados de ciénagas. El hecho de que, desde una base tan poco esperanzadora, los aztecas fueran capaces de consolidar un imperio poderoso en sólo dos siglos, se debió en parte a su creencia en una leyenda, según la cual fundarían una gran civilización en una zona pantanosa en la que vieran un nopal (cactus) sobre una roca y sobre él un águila devorando una serpiente. Los sacerdotes afirmaron haber visto todo eso al llegar a esta zona; como reflejo de la continuidad de esa tradición, hoy en día esa imagen representa el símbolo oficial de México que aparece, entre otros, en los billetes y monedas. Al aumentar en número, los aztecas establecieron organizaciones civiles y militares superiores. En 1325 fundaron la ciudad de Tenochtitlán (ubicada donde se encuentra la actual ciudad de México, Distrito Federal, capital del país). La capital Los aztecas convirtieron el lecho del lago, que era poco profundo, en chinampas (jardines muy fértiles, construidos con un armazón de troncos que sostenían arena, grava y tierra de siembra, atados con cuerdas de ixtle, para lograr islas artificiales donde se cultivaban verduras y flores y se criaban aves domésticas). Se hicieron calzadas y puentes para conectar la ciudad con tierra firme; se levantaron acueductos y se excavaron canales por toda la ciudad para el transporte de mercancías y personas. Las construcciones religiosas -gigantescas pirámides escalonadas recubiertas de piedra caliza y estuco de vivos colores, sobre las que se construían los templos- dominaban el paisaje. La ciudad floreció como resultado de su ubicación y del alto grado de organización. En la época en la que los españoles, capitaneados por Hernán Cortés, comenzaron la conquista, en 1519, el gran mercado de Tlatelolco atraía a unas 60.000 personas diarias. Las mercancías llegaban a manos aztecas gracias a los acuerdos sobre tributos establecidos con los territorios conquistados. Muchas de esas mercancías se exportaban a otras zonas del imperio azteca y a América Central. La confederación azteca Los aztecas-mexicas establecieron alianzas militares con otros grupos, logrando un imperio que se extendía desde México central hasta la actual frontera con Guatemala. A principios del siglo XV Tenochtitlán gobernaba conjuntamente con las ciudades-estado de Texcoco y Tlacopan o Tacuba (la Triple Alianza). En un periodo de unos 100 años los aztecas lograron el poder total y, aunque las demás ciudades-estado continuaron llamándose reinos, se convirtieron en meros títulos honoríficos. Al final del reinado de Moctezuma II, en 1520, se habían establecido 38 provincias tributarias; sin embargo, algunos pueblos de la periferia del imperio azteca luchaban encarnizadamente por mantener su independencia. Estas divisiones y conflictos internos en el seno del imperio azteca facilitaron su derrota frente a Cortés en 1521, ya que muchos pueblos se aliaron con los españoles. Además de los problemas internos que contribuyeron a su caída, el emperador Moctezuma había dado una bienvenida pacífica a Cortés y lo instaló junto a sus capitanes en los mejores palacios del imperio, desde donde se hicieron con la ciudad. Es posible que la interpretación de antiguos presagios sobre el regreso del dios Quetzalcóatl (véase más adelante la "Serpiente emplumada") indujera a Moctezuma a confundirlo con Cortés, si bien lo que más interesaba al emperador era colmar de regalos a los españoles para que se retiraran. Sociedad y religión aztecas La sociedad azteca estaba dividida en tres clases: esclavos, plebeyos y nobles. El estado de esclavo era similar al de un criado contratado. Aunque los hijos de los pobres podían ser vendidos como esclavos, solía hacerse por un periodo determinado. Los esclavos podían comprar su libertad y los que lograban escapar de sus amos y llegar hasta el palacio real sin que los atraparan obtenían la libertad inmediatamente. A los plebeyos o macehualtin se les otorgaba la propiedad vitalicia de un terreno en el que construían su casa. Sin embargo, a las capas más bajas de los plebeyos (tlalmaitl), no se les permitía tener propiedades y eran campesinos en tierras arrendadas. La nobleza estaba compuesta por los nobles de nacimiento, los sacerdotes y los que se habían ganado el derecho a serlo (especialmente los guerreros). En la religión azteca numerosos dioses regían la vida diaria. Entre ellos Huitzilopochtli (deidad del sol), Coyolxahuqui (la diosa de la luna que, según la mitología azteca, era asesinada por su hermano el dios del sol), Tláloc (deidad de la lluvia) y Quetzalcoátl (inventor de la escritura y el calendario, asociado con el planeta Venus y con la resurrección). Los sacrificios, humanos y de animales, eran parte integrante de la religión azteca. Para los guerreros el honor máximo consistía en caer en la batalla u ofrecerse como voluntarios para el sacrificio en las ceremonias importantes. Las mujeres que morían en el parto compartían el honor de los guerreros. También se realizaban las llamadas guerras floridas con el fin de hacer prisioneros para el sacrificio. El sentido de la ofrenda de sangre humana (y en menor medida de animales) era alimentar a las deidades solares para asegurarse la continuidad de su aparición cada día y con ella la permanencia de la vida humana, animal y vegetal sobre la Tierra. Los aztecas utilizaban la escritura pictográfica grabada en papel o piel de animales. Todavía se conserva alguno de estos escritos, llamados códices. También utilizaban un sistema de calendario que habían desarrollado los antiguos mayas. Tenía 365 días, divididos en 18 meses de 20 días, a los que se añadían 5 días 'huecos' que se creía que eran aciagos y traían mala suerte. Utilizaban igualmente un calendario de 260 días (20 meses de 13 días) que aplicaban exclusivamente para adivinaciones. La educación era muy estricta y se impartía desde los primeros años. A las mujeres se les exhortaba a que fueran discretas y recatadas en sus modales y en el vestir y se les enseñaban todas las modalidades de los quehaceres domésticos que, además de moler y preparar los alimentos, consistían en descarozar el algodón, hilar, tejer y confeccionar la ropa de la familia. A los hombres se les inculcaba la vocación guerrera. Desde pequeños se les formaba para que fueran fuertes, de modo que los bañaban con agua fría, los abrigaban con ropa ligera y dormían en el suelo. A la manera de los atenienses de la Grecia clásica, se procuraba fortalecer el carácter de los niños mediante castigos severos y el fomento de los valores primordiales como amor a la verdad, la justicia y el deber, respeto a los padres y a los ancianos, rechazo a la mentira y al libertinaje, misericordia con los pobres y los desvalidos. Los jóvenes aprendían música, bailes y cantos, además de religión, historia, matemáticas, interpretación de los códices, artes marciales, escritura, conocimiento del calendario, entre otras disciplinas.
- Posiblemente la maya fue una de las más importantes civilizaciones precolombinas. Tenían grandes conocimientos de astronomía y matemáticas. Poseían un sistema de escritura jeroglífico. Construyeron impresionantes edificaciones. Pero toda esta grandeza se vio reducida a la nada cuando, por causas desconocidas, las ciudades mayas fueron abandonadas y fueron invadidas por la selva. Solamente en el Yucatán continuó todo durante el "renacimiento maya". - A la llegada de los españoles, esta civilización había casi desaparecido. En la selva quedaron la mayoría de las ciudades, ignoradas, pero el tiempo no acabó con ellas y, después de varios siglos, fueron descubiertas. Son las únicas pruebas que atestiguan toda esa grandiosidad, que convirtió a un pueblo cultivador de maíz en una gran civilización, de la que, todavía hoy, queda mucho por saber. - En el 2.000 a.C. los mayas conocieron el cultivo del maíz y se volvieron sedentarios. -Los primeros habitantes se establecieron en el Golfo de México, pero luego algunos grupos emigraron a Chiapas, el Petén y la península del Yucatán. -Dos siglos a. C. aumentó su grado de desarrollo. -En el 292 se dice que comienza la historia de la cultura maya, por una fecha inscrita en una estela de Tikal. -El período clásico, llamado Imperio Antiguo (300 a 900 aprox.), se desarrolló en el norte de Guatemala, Belice y parte de México. Algunas ciudades importantes de esta época son Tikal, Palenque, Uaxactún, etc... -Durante el ImperioAntiguo, los mayas consiguieron tener grandes conocimientos de astronomía y matemáticas gracias a los sacerdotes. También se desarrolló un sistema de escritura jeroglífico. -Cada ciudad-estado era independiente, no se trataba de un gran imperio. -En el siglo IX, por causas desconocidas, las ciudades fueron abandonadas. -En el s. X en el Yucatán comenzó el Imperio Nuevo, esta época se caracteriza por la influencia de los toltecas, que durante un tiempo dominaron las ciudades. -Mayapán, Chichén Itzá y Uxmal se aliaron en el año 987, pero después dominó Mayapán (los cocomes, y comenzó la llamada liga de Mayapán) hasta que fue destruída. -A la llegada de los españoles la civilización maya casi habían desaparecido. La última ciudad conquistada fue Tayasal en el año 1697. -Actualmente quedan 6 millones de mayas que hablan muchos dialectos distintos y siguen conservando gran parte de sus antiguas costumbres.
Las culturas que se desarrollaron en el territorio del antiguo Perú desaparecieron o fueron sometidas por el imperio incaico que emergió alrededor del año 1000 de la era cristiana y se caracterizó por su alto grado de desarrollo en los distintos campos de la ingeniería. Muestra de ello son las ruinas de edificios, caminos, puentes y acueductos así como los monumentales restos de la Fortaleza de Sacsayhuamán y la Ciudadela de Machu Picchu, entre otros. Los conocimientos de ingeniería hidráulica de que dispusieron hicieron posible que la hoy árida costa peruana fuese cultivada extensamente poseyendo incluso una tecnología que permitía convertir la neblina en agua para la irrigación. Su idioma fue el "quechua" considerado hoy, junto con el español, idioma oficial del Perú y su escritura los "Quipus", un sistema de hilos anudados que hasta ahora espera ser descifrado. En su organización política, dividieron la administración en sectores de diez, cien, mil y diez mil habitantes, cada uno de ellos a cargo de personas nombradas por el Inca. Esto comprueba que los incas conocieron y aplicaron el sistema decimal desde el siglo XI de la era cristiana. En el año 1532, el imperio incaico o del Tahuantisuyo como se le conocía, sucumbió ante la conquista española que llevó a cabo Francisco Pizarro. El conquistador encontró al Imperio debilitado a causa de una guerra civil iniciada en 1529 entre Huáscar y Atahualpa, los dos hermanos pretendientes al dominio imperial. En noviembre de 1532 Pizarro capturó a Atahualpa, y en julio de 1533 lo hizo ejecutar acusándolo de haber encargado la muerte de su hermano Huáscar. Doblegando la oposición, relativamente débil de algunos generales incas, se dio inicio a la dominación española que estableció sobre el territorio del antiguo Imperio incaico, el Virreinato más poderoso que España tuvo en ultramar.
Una larga historia de miles de años El pueblo egipcio, de raíz mediterránea, se encontraba instalado en el valle del Nilo desde el año 10.000 a.C., formando pequeños núcleos independientes de agricultores llamados nomos. Sus moradores pertenecían a la rama mediterránea de la raza caucásica, de baja estatura, morenos, de cabeza alargada, cabello negro y nariz ligeramente aquilina. Posteriormente habrían de mezclarse con elementos negroides por lo cual al final de su período de esplendor, ya en la decadencia, la raza aparece totalmente mezclada. Durante esta etapa de la cultura egipcia los principales avances fueron en materia agrícola. Se crearon sistemas de riego con canales, se sanearon grandes zonas pantanosas y se logró el aprovechamiento integral del lino, con el cual se fabricaban telas de muy buen calidad. En el plano metalúrgico se realizaban armas, herramientas y utensilios en pedernal, oro y cobre y se lograron perfeccionar técnicas artesanales para pulir y esmaltar la cerámica. El progreso intelectual fue bastante importante. Al parecer aunque no se han encontrado vestigios, conocían ya una forma rudimentaria de escritura e inventaron el primer calendario solar de la historia. Por razones de conveniencia táctica o porque simplemente la voluntad de algún príncipe logró imponerse sobre los demás nomos los estados dispersos se unieron dando origen a dos grandes reinos situados en el norte y sur del país. Es así como, hacia el año 3.100 a.C. el país alcanzó una primera unidad política, cuando el legendario Rey Menes reunió bajo su poder los reinos del Alto y del Bajo Egipto. A partir de esta fecha, los reyes llamados faraones, consolidan la unidad del país. Están agrupados en dinastías. La historia de los faraones se estructura en veintiséis dinastías, que dan lugar a varios períodos importantes dentro de la historia egipcia. Imperio Antiguo (2780-2200 a.C.) Comprende la dinastía VI. Durante este período, la unidad se consolida, mientras se desarrolla la agricultura del país. La capital, que en un principio residió en Tinis, es trasladada por el faraón Zoser a Menfis, en el bajo Egipto. La prosperidad del país se tradujo en las grandes construcciones funerarias del propio Zoser y, sobre todo, de los faraones de la IV dinastía -Keops, Kefrén y Micerino-, que ordenan levantar las impresionantes pirámides de Giseh. En el antiguo imperio no existía separación alguna entre la Iglesia y el Estado. El mismo faraón era a su vez, gobernante supremo y sumo sacerdote del culto. Hacia el año 2000 a.C., la autoridad del faraón se debilita, en parte, porque gobernantes débiles permitieron que los funcionarios poco a poco fueran usurpando el poder real del faraón. Esto dio origen a que se multiplicara el espíritu regional latente en algunas zonas, que desafió abiertamente la autoridad central. En esta etapa la política del faraón se basaba en la paz, por lo que no contaba con un ejército permanente. Pero toda esta paz y la prosperidad del antiguo Egipto se vino abajo cuando los gobernadores de los nomos comenzaron a usurpar el poder del faraón y cuando se exigieron nuevos impuestos con el fin de financiar obras públicas. Esto motivó el empobrecimiento de gran parte de la sociedad en cuyo seno se fue encendiendo el descontento hacia los gobernantes. Por último, se vino a sumar a la insatisfacción y a la rebelión de las masas, la invasión del territorio por tribus negroides y asiáticas, la mayor parte de las cuales eran inferiores en cuanto a nivel cultural que habían alcanzado los egipcios en el período de prosperidad. Es así como la unidad se rompe y aparecen dinastías locales, entre las que sobresalen los príncipes de Tebas. Imperio Medio (2000-1800 a.C.) Está constituido por las dinastías XI a la XIII. El país es nuevamente unificado por los príncipes tebanos, con predominio del Alto Egipto. Este período se caracteriza especialmente por la debilidad del gobierno central y el aumento del poder de de los monarcas de los nomos, quienes terminaron por desempeñar en sus regiones las funciones que hasta entonces sólo eran facultativas del faraón. El Reino Medio alcanza su máximo esplendor con la XII dinastía, cuyos faraones lograron recuperar gran parte de su antiguo poder, sometiendo a los príncipes y monarcas y restableciendo la unidad. Los nuevos jefes de Estado reprimieron duramente los intentos de subversión de los nobles y trataron de mejorar las condiciones de vida del pueblo, suprimiendo algunos impuestos y repartiendo la tierra sin distinción de castas y categorías. Durante este período también se fortalece la justicia social y el florecimiento de la cultura. Su iniciador fue Amenemhat I, de quien su inscripción dice "Resplandeciente como el dios Athum, ha venido a castigar al crimen, a reconstruir lo que estaba destruido...". Sin embargo, con el fin de la XII dinastía el país nuevamente conoció el caos y el desorden, además de soportar la invasión de pueblos extranjeros. La nobleza nunca pudo perdonar a quienes habían arrebatado sus privilegios y es posible que gracias a una contrarrevolución volvieran a asumir el control real del aparato del Estado dejando nuevamente a los faraones con un poder nominal. Durante la dinastía XIV, se produce la invasión de los hicsos (siglo XVIII), que acaba con el imperio. Gracias al desorden imperante en todo el territorio ya que este pueblo del Asia occidental ya utilizaba el caballo y el carro de guerra, los hicsos lograron imponerse fácilmente en todo el valle aun cuando su dominio efectivo se limitaba sólo al delta. La dominación hicsa tuvo la virtud de unificar al pueblo egipcio en torno a la lucha de un enemigo en común. A fines del siglo XVII los príncipes del Alto Egipto emprendieron la guerra de liberación contra el invasor, donde surgió el germen bélico que determinaría el carácter del nuevo imperio. El principal gestor de la victoria fue Tutmosis I, fundador de la XVIII dinastía. Después de Tebas se dirige otra vez la reconstrucción. El príncipe tebano Amasis expulsa a los hicsos. Se inicia la dinastía XVIII y el Imperio Nuevo, que dura hasta el año 1.100. Es la época más floreciente de Egipto. Su principal característica es el afán expansionista que llevó a los egipcios a crear uno de los imperios más extensos de la antigüedad. Como existía la maquinaria bélica montada para expulsar del territorio a los hicsos, no fue difícil organizar el ejército bajo el mando de Tutmosis II quien logró conquistar Siria y terminó por dominar desde el río Eufrates a las cataratas más remotas del Nilo. Sin embargo, el territorio conquistado era enorme y era difícil administrarlo, lo que animaba a los pueblos sometidos para liberarse de los invasores. Por otra parte, las enormes riquezas que llegaba a Egipto procedentes de los estados tributarios, terminaron con la fuerza del Estado, al fomentar el vicio, el lujo y la corrupción entre todos los estratos sociales, sobre todo entre los jerarcas militares y nobles que eran los más firmes sostenedores de la estructura del poder. En el siglo XII Egipto había perdido casi todo el territorio conquistado. Para ese entonces ya reinaba el desorden y la anarquía. Figuras fundamentales de nuevo período son: Tutmosis III, que realizó victoriosas campañas sobre Siria; Ramsés II, de la XIX dinastía, que hubo de enfrentarse contra los hititas, y el faraón Amenofis IV, que llevó a cabo un importante cambio religioso en torno al culto de Atón, de claro sentido monoteísta. El año 1000 a.C. Egipto nuevamente se debilitó y se rompió su unidad. Primero pasó a manos de los asirios, hacia el año 661. Más tarde, en 525, el rey persa Cambises lo incorporó a su imperio. Tras las grandes conquistas de Alejandro Magno, se convirtió en un reino helenístico. Su última representante es la reina Cleopatra, derrotada por Octavio en Actium (31 a.C.), con lo que Egipto pasó a manos de Roma.
Los Asirios crearon estos toros, que tenían cabeza humana, alas, cinco patas y escamas de pescado; eran una mezcla simbólica de las mejores cualidades de los animales y las personas (siglo VIII a.C.). Los asirios: destrucción y conquistaA partir del 1250 a.C. tomaron posesión de Mesopotamia los asirios, de origen semita, que se establecieron al norte de Babilonia, en el valle superior del Tigris. Este pueblo era belicoso, cruel y feroz. Sus capitales fueron Nínive y Assur, ubicadas cerca del río Tigris.Los reyes asirios estaban convencidos de que su misión era someter al mundo a su dios Assur. En sus mensajes a él, rendían cuentas de las campañas que habían realizado en su nombre y en su honor. Creían que podían alegrar y aplacar sus iras si aplicaban crueles castigos a los derrotados.Arrasaron con los pueblos, devastaron países enteros, enviaron al cautiverio y al exilio a millares de personas y sembraron en todas partes el terror y la muerte.El imperio asirio alcanzó su mayor apogeo alrededor del 700 a.C., cuando se extendía de Armenia hasta Egipto y desde el Asia Menor hasta Irán y el golfo Pérsico por el sur. El emperador era gran rey de Asiria, rey de Súmmer y Accad, soberano de los reyes y príncipes sirios, cananeos y judíos y, desde el año 671 a.C., ocupaba el trono de los faraones.El último de los grandes emperadores asirios fue Assurbanipal, quien fomentó las artes y letras, hizo construir magníficos templos y palacios y formó una gran biblioteca donde reunió, escritos en signos cuneiformes sobre tablillas de arcilla, los documentos más importantes de las civilizaciones sumerio-acadia, babilónica y asiria. Las ruinas y los escritos fueron encontrados por los arqueólogos bajo la ciudad de Nínive.El imperio asirio, por sus características, basado en el terror y la violencia y, además, cobrador de altos tributos, no podía durar. Entre los pueblos reprimidos empezó a crecer el odio y la oposición. El rey de la ciudad de Babilonia se unió con el pueblo indoeuropeo de los medos, quienes desde la meseta de Irán ingresaron a Asiria. En el año 612 a.C. cayó la capital, Nínive; sus lujosos palacios y templos fueron incendiados. Sardanápalo, el último rey de Asiria, se lanzó a las llamas.
El método de dominación
Los asirios luchaban continuamente para mantener a los distintos pueblos bajo su dominio. Para demostrar su poder, destruían completamente las ciudades capturadas y las tierras de cultivo que las rodeaban; se llevaban sus tesoros como botín y a sus habitantes los mataban o hacían prisioneros. La mayor parte terminaba como esclavo; el resto era enviado a otras ciudades para que contaran lo que habían sufrido, con el fin de evitar rebeliones.La infantería estaba armada con arcos, flechas, ondas y lanzas, mientras que la caballería usaba arcos y lanzas. Los carros de guerra, tirados por caballos, llevaban un conductor, un arquero y un soldado con escudo. También contaban con torres portátiles con ruedas para el asalto, que tenían espacio para los arqueros.Cuando atravesaban ríos, los soldados cruzaban sujetos a pieles infladas, los caballos nadaban y los carros se llevaban en pequeñas embarcaciones circulares.
A mediados del II milenio a.de C., pueblos medos y persas, de origen indoeuropeo y procedentes del Cáucaso, se establecieron en los territorios occidentales de la meseta iraní. Los primeros ocuparon la parte septentrional y lo segundos la parte meridional. Persia es el nombre que hasta 1935 tuvo el actual estado de Irán.
A lo largo del siglo VI se produce en el Próximo Oriente asiático un movimiento expansivo espectacular que parte de los pueblos nómadas de Persia para crear un imperio superpuesto a todos los anteriormente vigentes en la zona, con organización más sólida y un sistema de control más eficaz. Desde que Ciro sustituye a Astiages y lleva a cabo la unidad de medos y persas, sus planes se revelan claros en el control de Armenia y del territorio de los caldeos. Se trata de consolidarlos por medio de fuertes y guarniciones para permitir que los pueblos sometidos trabajen sus tierras y lleven sus ganados a los pastos. Con la protección del rey, se intensifica la producción, lo que aumenta las rentas de los dominantes armenios y caldeos y garantiza el tributo debido al protector. Por ello, el imperio se preocupa específicamente de conservar las poblaciones sometidas, elemento clave para la producción y para la organización de los ejércitos que puedan garantizar la reproducción territorial del mismo. Trabajo y crecimiento son los lemas que se difunden en los mecanismos ideológicos del imperio aqueménida. Éste es el espíritu que lleva a la conquista de Lidia y de Mesopotamia, como alargamiento de la dependencia tributaria, donde todos se sienten defendidos por el rey, en un sistema que se configura ideológicamente como equilibrado y simétrico.
Imperio Persa
El imperio persa (550-330 a.C.), como otros sistemas de dominio anteriores del Próximo Oriente, se basó en la ocupación permanente de los territorios conquistados y en la explotación de los mismos. Pero los persas tendieron a organizar su proceso de expansión con poca reestructuración de la organización anterior de los grupos y territorios conquistados, es decir, detentaron un imperio de tipo "patrimonial". Frecuentemente la administración imperial persa utilizaba los cuadros organizativos existentes, subordinados al sátrapa y su personal en las obligaciones a la monarquía, a saber: en la percepción del tributo y en la movilización de las tropas. Las conexiones entre el centro del imperio (desde el Mar Caspio hasta el Golfo Pérsico: Media, Susiana [Elam] y Persia) y la periferia (las diferentes satrapías, 3.000.000 de Km2. de enormes diferencias geográficas, culturales y étnicas) eran limitadas y casi en ningún caso intentaron reorganizar profundamente las organizaciones sociales y culturales existentes.
La base de la estructura económica era la tierra que, al menos teóricamente, pertenecía en su totalidad al rey. En realidad estaba dividida en tierras propiamente reales, incluyendo bienes raíces, minas y bosques y, por otra parte, señoríos, ocupados por gobernadores locales o tribus, sobre los que el rey tenía un control nominal. Las concesiones reales de tierra estaban relacionadas con las obligaciones militares de los súbditos formando, especialmente en Egipto y Asia Menor, verdaderas colonias militares. Por su parte, los señoríos constituían distritos tributarios, donde poco a poco la economía monetaria iba sustituyendo a los antiguos sistemas de recaudación en especie. En aquellos lugares, como por ejemplo Babilonia, donde los templos habían desempeñado una importante función económica siguieron teniendo el control de la recaudación tributaria, y esto, además, era más frecuente en las zonas de grandes dominios territoriales. En cambio, en otros lugares la pequeña propiedad ocupaba una posición relativamente importante, debido al propio desarrollo social y a su propia experiencia histórica. La explotación de las grandes propiedades se realizaba mediante campesinos libres y siervos, frecuentemente adscritos a la tierra. Sus condiciones de trabajo permitían el absentismo del propietario. En su lugar, los administradores ejercían el control de la explotación, lo que provocaba permanentes conflictos que contribuían al malestar y a la inestabilidad social. La industria artesanal florecía en los principales centros urbanos, cuya prosperidad era consecuencia de la ampliación numérica de los consumidores. En la producción artesanal a gran escala el trabajo no libre constituía la principal fuerza productiva. Por otra parte, el equipamiento del ejército, la construcción naval y otras actividades de importancia similar ocupaban una abundante mano de obra, costeada en gran medida por el tesoro público, que, a su vez, se nutría de las recaudaciones tributarias a las que estaban sometidos tanto las administraciones locales, como la producción o incluso los individuos particulares. Frecuentemente los particulares requerían créditos, que podían ser obtenidos en entidades públicas o privadas, encargadas además de transportar el dinero o los bienes. La garantía del préstamo se basaba en las propiedades personales. Entre los centros de crédito públicos cabe citar tanto los templos como las tesorerías reales situadas en los centros de la administración territorial. El florecimiento de la banca privada pone de manifiesto que la actividad mercantil era extraordinaria en el Imperio Persa, que la demanda de capital era abundante y que, en general, los tipos de interés eran asequibles para quienes hacían uso de estos servicios. Sin embargo, al mismo tiempo permite concluir que el Estado no se hacía cargo, con la suficiente desenvoltura, de las necesidades de crédito y efectivo que requería la población. El sistema tributario era muy complejo y puesto que el gasto público era inmenso, la presión fiscal había de ser muy acusada y la inflación incesante, lo que repercute en la desestructuración previa al desmoronamiento del imperio. Seguramente Darío estableció las bases del sistema de financiación del Estado basado en los impuestos aplicados a las administraciones provinciales, que estaban gravadas siguiendo cálculos detallados de su producción, según puede leerse en Herodoto (III, 89, ss.). Muchas actividades estaban sometidas también a la presión fiscal, como el desplazamiento de bienes a través de los portazgos o de los impuestos portuarios; el cambio de titularidad de bienes, por herencia o compraventa; e incluso la mera propiedad de bienes, el patrimonio, era gravado habiéndose de satisfacer impuestos por el ganado, los esclavos y otros tipos de bienes. En general, la carga impositiva de cualquier concepto solía oscilar en torno al veinte por ciento. Los pagos se realizaban habitualmente en especie en el centro de recaudación local. Para facilitar los pagos, Darío unificó los sistemas de pesos y medidas de todo el Imperio y creó una moneda real, a imitación de la de Lidia, el dárico, una pieza de oro de ocho gramos y medio. Pero no implantó una economía monetaria. En el Imperio Persa coexistieron, pues, distintas formas de producción, entre las que destaca la servidumbre territorial. Ahora bien, no se puede establecer una relación causal entre dominantes y dominados con su adscripción étnica, pues las antiguas oligarquías nacionales se mantuvieron, por lo general, en su privilegiada situación, mientras que en los puestos intermedios había burócratas de diversas procedencias, babilonios, judíos, egipcios e incluso griegos. En tal condición sustentaban el complejo aparato estatal, ramificado por todo el territorio y convergente en un núcleo rector centralizado. De esta manera, el Imperio Persa obligaba a una sobreintensificación de la explotación de los trabajadores dependientes, cuyas revueltas eran canalizadas por las oligarquías locales contra el poder central, como fuerzas centrífugas de carácter nacionalista. En consecuencia, la sociedad está muy articulada a partir de dos situaciones básicas: una minoría privilegiada, con notables diferencias internas, y una inmensa mayoría con diferentes estatutos jurídicos que van desde el propietario libre hasta el esclavo, pasando por libres dependientes y otras situaciones intermedias, que constituyen la base de las relaciones sociales. Por lo que respecta al aparato del Estado, se atribuye a Darío la reforma administrativa que introduce el sistema de las satrapías, un ensayo de equilibrio entre la autonomía local y el poder central, ostentado por el Gran Rey, delegado de la divinidad, según el pensamiento próximo-oriental. Pero frente a éste, el monarca no es representante único del dios nacional, sino que mantiene una actitud tolerante, por lo general, lo que provoca una cierta frustración en el clero iranio, que alcanza su punto mas enconado en la supuesta usurpación de Gaumata. Por ello, Darío se vio obligado a emprender una política de reforma religiosa destinada a devolver el equilibrio roto durante el reinado de Cambises. Desde el punto de vista administrativo resulta sorprendente la ausencia de capital única en el Imperio Persa. La corte persa era itinerante, debido quizá a la necesidad del control efectivo de tan vasto territorio, quizá también por factores climáticos y, sin duda, por la falta de tradición de capitalidad entre los pueblos iranios, asociada al prestigio de muchas de las ciudades que habían sido incorporadas; ninguna de estas razones es satisfactoria por sí sola, pero en conjunto dan una aproximación plausible. La universalidad, como propaganda de la monarquía persa, explica la preservación de aquellas ciudades que en otro momento habían sido de algún modo capitales de imperios; ese sistema de integración era perfectamente coherente con la ideología desarrollada por la dinastía Aqueménida. Susa, Babilonia, Ecbatana, Pasargada y Persépolis se repartían las funciones de la capital, ofreciendo así una imagen de unidad entre las distintas naciones que configuraban el territorio del Estado, cuya seguridad estaba garantizada por el ejército, instrumento coercitivo básico del Gran Rey para el control efectivo del poder. En sus orígenes, el ejército estaba compuesto exclusivamente por guerreros persas; sin embargo, la creación del Imperio permite la incorporación de tropas procedentes de los pueblos sometidos. Cada satrapía contaba con su propio ejército, pero el corazón del Imperio estaba protegido por una tropa especial de diez mil soldados iranios, conocidos como Los Inmortales. Por lo que respecta a la religión, se atribuye a Darío I, en el conjunto de reformas que emprende, la introducción del zoroastrismo, complejo problema histórico, ya que no sabemos prácticamente nada de Zoroastro, el profeta de Ahura Mazda. La información más cercana procede de los gathas del "Yasna", uno de los libros que componen el Avesta, conjunto de textos de diferente origen y cronología. Recientes análisis sobre el "Avesta", ponen de manifiesto que la situación política y social del mundo de Zoroastro está fuertemente impregnada de valores guerreros, con cruentas prácticas religiosas y refleja una distribución espacial de la población fragmentada en los oasis, en los que se realiza una incipiente agricultura, pero cuya base económica es la ganadería. Esta realidad no tiene nada que ver con el Irán Aqueménida, por lo que ha de ser forzosamente anterior. Por distintas razones, la fecha más aceptable actualmente es la que lo sitúa en el tránsito del II al I Milenio, quizá en el siglo X. Por otra parte, el origen de Zoroastro también es controvertido, aunque la mayor parte de los autores acepta una procedencia del Irán Oriental, quizá de Siestán. Y en virtud de todas estas consideraciones podríamos articular la religión irania en tres fases. La primera, correspondería a un sistema politeísta, propio de los nómadas iranios, sujetos a una religión de tipo védico. Después de la consolidación de la población irania en el altiplano, se produciría una modificación en las formas de vida que requeriría una renovación en la ideología; es la que se atribuye a Zoroastro. La última fase correspondería a una recuperación parcial del politeísmo a través de procesos de sincretismo, motivados por las necesidades de la política imperial. Este mundo complejo, inestablemente articulado, pero sumamente vital es el que fracasa en su intento de crear un Imperio Universal que integrara todos los territorios vinculados a su estructura económica. Su herencia será obra de Alejandro Magno.
En un estrecho territorio, entre las montañas del Líbano y la orilla oriental del Mar Mediterráneo, se encontraba una población de lengua y cultura semítica: los Fenicios. En esa zona, la montaña y los valles encajonados dividen la planicie en compartimientos aislados entre sí, donde no hay sitio para la construcción de muchas ciudades ni para cultivos. En la costa, rocosos promontorios y pequeñas y abrigadas bahías brindan excelentes puertos; la naturaleza favoreció a los fenicios para que ellos fueran grandes marinos y hábiles comerciantes.
Comerciantes y navegantes
Los Fenicios hicieron del comercio la base de su política y se dedicaron con tanto éxito a la navegación, que llegaron a ser considerados especialistas indispensables, a quienes tenía que acudirse para todos los negocios marítimos. Instalados en el borde de Asia en los puntos terminales de las grandes rutas de las caravanas, ellos las prolongaron en el mar con tanta eficacia, que durante muchos siglos todo el comercio mediterráneo estuvo en sus manos. Su función cultural consistió en ser intermediarios entre Oriente y Occidente, y en difundir por los países periféricos del Mediterráneo las artes, las ciencias y las religiones orientales junto con sus mercancías. Fenicia era un país tan fragmentado nunca logró unirse como nación. La historia de los Fenicios es la de una serie de pequeñas ciudades generalmente gobernadas por una aristocracia de ricos mercaderes, independientes y rivales. Las principales ciudades-Estados eran Biblos, Sidón y Tiro, con distintos momentos de esplendor entre el 3.000 a. de C. y el 600 a. de C.
Principales ciudades
· Biblos: fue el centro principal del comercio del papiro, material usado en la Antigüedad para escribir, que se obtenía de la elaboración especial de los tallos de una planta que crecía solo en el Bajo Egipto. Es de destacar que la palabra que en griego significa libro (biblos) deriva precisamente del nombre de aquella ciudad.
· Sidón: extendió el comercio fenicio por toda la cuenca oriental del Mar Mediterráneo. Estableció factorías en Chipre, Rodas y en la mayor parte de las islas del Egeo. Sus habitantes también exploraron el mar Negro.
· Tiro: ciudad edificada en una excelente posición defensiva. Los tirios se dirigieron hacia el Mediterráneo Occidental y fundaron numerosas colonias en Malta, Sicilia, Cerdeña, España y en Africa Septentrional. De todas ellas, la más conocida es la de Cartago, fundada hacia el 814 a. de C. en las cercanías de la actual Túnez. La colonización fenicia no tenía carácter político, no tendía a la expansión a la conquista de territorios. Los fenicios se limitaban a establecer factorías comerciales.
Navegación y comercio
Los Fenicios construían sus navíos con maderas de árboles del Líbano: cedros y cipreses. Hasta hoy, estos árboles son muy preciados para construcciones navales porque proporcionaban maderas incorruptibles. El birreme fue la embarcación que permitió a los Fenicios recorrer extensas distancias, estaba constituido por una doble fila de remos y una vela fija, que era de gran utilidad cuando soplaba viento favorable. Este pueblo recorrió las costas del Mar Mediterráneo, el Mar Báltico, las costas de Inglaterra e incluso circunnavegó Africa. Aunque la autenticidad de esta última empresa ha sido puesta en duda por algunos historiadores, sí se ha demostrado que los Fenicios exploraron la costa oeste africana. Realizaron un intenso comercio de diversos productos: estaño y ámbar de los países septentrionales; metales útiles (cobre, estaño, bronce ) o preciosos de España, Grecia, Asia; piedras preciosas de la India; maderas del Líbano, ébano y marfil de Africa, mármoles de Grecia, especias y perfumes de Arabia, papiro de Egipto, trigo de los países ribereños del Mar Negro, vinos, aceites, frutas, caballos, ovejas, lana, tejidos, cerámicas y esclavos. A todos estos artículos de comercio agregaban los productos de su propia industria, practicada en grandes talleres. Los más característicos eran el vidrio transparente -que obtenían con la arena de sus playas- y las telas de color púrpura, muy estimadas en todo el mundo antiguo. El colorante se lograba con el líquido de un molusco llamado murex, según un procedimiento que los Fenicios procuraron mantener en secreto.
La cultura fenicia
La religión fenicia era politeísta. Cada ciudad tenía su dios y señor, el Baal. Este fue llamado Melkart en Tiro, Adonis en Biblos, Amón en Cartago. La diosa suprema Astarté, era frecuentemente unida al Baal de las diferentes ciudades. Una invención que demuestra el genio práctico de este pueblo fue el alfabeto. Las escrituras hasta entonces utilizadas -escritura cuneiforme y jeroglíficos egipcios- eran de gran complejidad y no permitían llevar cuentas minuciosas ni sostener una asidua correspondencia comercial. Los Fenicios crearon un alfabeto de 22 signos consonánticos, que simplificó y facilitó el registro escrito. Todos correspondían a sonidos simples emitidos por la voz humana. Este alfabeto comenzó a difundirse aproximadamente hacia el siglo XIV a. de C. Sirvió como base del alfabeto de los griego, quienes le agregaron las vocales. La invención del alfabeto ha tenido consecuencias enormes en el desarrollo de la cultura y del pensamiento.
Una de las civilizaciones más antiguas fue la de los Sumerios -establecidos en la Baja Mesopotamia-, cuyos documentos nos permiten remontarnos hasta el 3.500 a. de C. Nada se sabe de sus orígenes, no eran semitas. Gracias a sus representaciones artísticas tenemos una perfecta idea de su físico: hombres de baja estatura, pero de cuerpo musculoso, que llevaban rasurada la cara y la cabeza. Eran agricultores y ganaderos, construían canales y caminos, trabajaban los metales, tejían la lana y practicaban el tráfico fluvial.
Escritura cuneiforme
El gran invento de los sumerios fue la escritura cuneiforme, con la cual fue posible la transmisión de su pensamiento y de los acontecimientos que los afectaron a las generaciones futuras. Era un sistema complejo, que alcanzaba los 700 signos o pictografías. Primero fueron de carácter ideográfico (signos) y luego fonéticos (sonidos). Por medio de un estilo o punzón, los caracteres se imprimían sobre tablillas de arcilla húmeda; una vez seca la arcilla, lo escrito permanecía indeleble. Así lo demuestra el hecho de que las tablillas que han llegado hasta nosotros sean todavía legibles. El más interesante poema épico de esta y que se encuentra casi completo es la Epopeya de Gilgamés, un héroe perseguidor de monstruos e incansable viajero.
Estudio y desarrollo
Los primeros astrónomos y astrólogos fueron los sumerios. Ellos estudiaron y definieron los movimientos de la Luna, inventaron los doce signos del zodíaco y precisaron la duración del año en 365 días y 6 horas, con 12 meses lunares. En matemática, desarrollaron la división sexagesimal del círculo y crearon un sistema de pesos y medidas. Inventaron, además, el ladrillo, la irrigación artificial, el arado y la rueda. La organización política de los sumerios consistía en ciudades-Estados, las más importantes fueron Kish, Ur, Uruk, Umma y Lagash. Las luchas de estas ciudades por la hegemonía política facilitaron o permitieron que fueran conquistadas por pueblos extranjeros.
Los acadios
La historia de los sumerios se enlaza con la de los acadios. Este fue un pueblo semita, que habitaba al norte de donde vivían los sumerios, y que terminó por conquistar y unificar toda Mesopotamia. Los acadios conservaron su lengua y hasta llegaron a imponerla a los antiguos sumerios, sin embargo, el viejo idioma de Sumer quedó como lenguaje litúrgico y continuaron usándolo los sacerdotes. En las grandes épocas de Babilonia y Asiria, el sumerio fue empleado en las ceremonias religiosas.